21 ene 2011

800 metros

Despertador. Es temprano, pero para variar hoy no vuelvo a dormirme inmediatamente, con él sonando en mis manos. Me levanto rápido, sin hacer mucho ruido me cambio e intento encontrar mis llaves, morral, y salgo despacito. Igual que antes, intento hacer poco ruido en el pasillo, en el ascensor, casi como si estuviera escapándome, y con esa sensación de próxima libertad, abro la puerta y salgo a la calle.

El aire fresco de la mañana es un buen recibimiento, casi un premio del clima (sin rastros del calor de las últimas semanas) por haber hecho el esfuerzo de estar a las 9 am caminando por la calle. A medida que recorro las cuadras por la vereda del sol, el aire fresco cruza la calle y me abandona, aunque igual sigo pensando que valió la pena; es extraño y casi mágico cómo algo que el resto de las estaciones odio hacer, que es parte de la rutina, ahora se presenta casi como una aventura, distinta a cualquier otra cosa que uno pueda hacer en vacaciones. Cómo puede ser que en pleno otoño, a las 7 de la mañana, no pueda disfrutar el aire, la calle solitaria, el tráfico casi inexistente, el silencio con gusto a fiaca y café, tan diferente al de la noche, tan lejano a la tarde?

Para cuando empiezo a sentir el sol de la mañana calentando el pavimento, las cuadras están recorridas, y llego con una sensación de misión cumplida, de buena acción del día para conmigo misma, de gran cantidad de horas por recorrer, de que hoy va a ser mejor día que ayer, de que todo puede pasar. Y todo por madrugar un rato.

4 comentarios:

  1. Felicitaciones por el reinagurado blog!
    Me gustó la parte de caminar por la vereda del sol. jajaja.
    Estaré atenta a tus novedades!
    Pd. al que madruga dios (o el big bang) lo ayuda.

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  2. Caminé por esa vereda porque era propiedad nuestra, jajaja

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  3. jajaja. La mia es la frase de la semana! Que honor!

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