31 ene 2011

Juego de entrecasa

Desde el baño, con la puerta cerrada y la ducha abierta, cuando el único sonido que llega es el del bajo, adivinar qué canción están escuchando en mi habitación.

28 ene 2011

Ocho meses atrás

Duele en el momento en que vuelve a ser real; incluso, por un instante, cuando intenta [materializarse] volver-a-ser a través de la imaginación. Duele cuando trae las sensaciones (o un recuerdo de ellas) idénticas, palpables, que se sienten, se huelen, de todos esos momentos, frases, movimientos, miradas (me estoy poniendo cursi, pero hay otra manera de (d)escribirlo?), palabras, respiraciones (no suspiros, respiraciones), olores, que te hacen creer, por un segundo, que estás ahí (lo estás viendo, oliendo, atrapando con cada una de tus células, puestas al máximo para captar todo), que todo sucede otra vez. Pero claro, es imposible, no se pueden vivir las cosas dos veces, todo de nuevo, por más real que parezca sigue siendo una fantasía.

A pesar de lo que Cortázar diga, duele menos a medida que no hay recuerdos, que desaparecen, que la memoria atenúa y hace difusos todos los detalles que intenté guardar para siempre, que capté con todo de mí con tal intensidad que incluso en ese momento dolía, porque para qué intentar grabarlos a fuego si no existe la posibilidad de perderlo todo? Y sé que, como todo, como siempre, va a llegar el momento en que, por pura casualidad, llegue uno de esos detalles tan anhelados en su momento, a golpearme fuerte, probándome, preguntándome [de mala manera] insolentemente, provocativamente, si estoy lista para dejar ir, o si todavía siento el peso del mundo (de ese mundo, de nuestro mundo) encima mío cada vez que aparece. Pero el tiempo "cura", borra, arrastra con fuerza, lentamente, ayuda a superar, a eliminar el arrepentimiento de lo (no) hecho; siempre hay otras oportunidades. Intento convencerme de que todo tiene su porqué, por algo las cosas no pasan (hay que darse otra oportunidad).

(imaginarse si se está desprevenido!)


mayo 2010

26 ene 2011

Traducción libre con final similar 2

(de un scritto para italiano, escrito el 8/7/2008)

Hace un tiempo tuve que viajar en subte desde la estación José Hernández hasta la estación Pueyrredón, para ir al cine. Me bajé, y como siempre, no encontraba la billetera, así que me paré en el medio del andén que separaba las dos vías, apurada como estaba y fastidiosa por la hora que era, y me agaché a revolver el bolso, a ver si así podía encontrarla. Miré para adelante, y vi a un muchacho enfrente mío, esperando el otro subte. Terminé de ordenar mis cosas, me colgué el bolso, me paré y sin pensarlo, de manera automática, lo miré. Él me miró, casi sorprendido, y me sonrió como si no fuera lo que realmente era: un simple desconocido parado en un andén de subte. Estaba apurada, así que corrí para llegar a la escalera mecánica, pero no estaba lejos, todavía podía verlo. Subí sólo un escalón, me di vuelta para mirarlo de nuevo, y lo vi de espaldas a mí. Pero al instante giró, me buscó con la mirada, y cuando me encontró, me sonrió una última vez. Yo también le sonreí. La escalera seguía subiendo y el subte entró, ruidoso, a la estación...

Traducción libre con final similar 1

(del cuento "Coincidenze", incluído en el libro "L'Ultima Lacrima", de Stefano Benni.)

Había, en orden, una ciudad, un puente blanco y una tarde lluviosa. De un lado del puente avanzaba un hombre con paraguas y sobretodo. Del otro lado una mujer con sobretodo y paraguas. Exactamente en el medio del puente, ahí donde dos leones de piedra se miraban a la cara desde hace ciento cincuenta años, el hombre y la mujer frenaron, mirándose fijamente. Entonces, él habló:

–Gentil señorita, aunque no la conozco, permítame dirigirle la palabra para señalarle una extraña coincidencia: este mes, si no me equivoco, es la decimoquinta vez que nos encontramos exactamente en este punto.
–No se equivoca, cortés señor. Hoy es la decimoquinta vez.
–Permítame también indicarle que todas las veces tenemos bajo el brazo un libro del mismo autor.
–Sí, me di cuenta: es mi autor preferido, y también el suyo, presumo.
–Es así. Además permítame señalarle que cada vez que usted me encuentra, se ruboriza violentamente, y por alguna extraña coincidencia, la misma cosa me sucede también a mí.
–También yo lo había notado. Podría agregar que en usted asoma una leve sonrisa y, sorprendentemente, yo también lo hago.
–Es realmente increíble: es más, tengo la impresión de que mi corazón late más fuerte cada vez.
–E realmente singular, señor, es así también para mí, y además me tiemblan las manos.
–Es una serie de coincidencias realmente fuera de lo común. Agregaré también que, luego de encontrarla, tengo por algunas horas una sensación extraña y agradable...
–¿Quizás la sensación de no tener peso, de caminar sobre una nube y de ver las cosas de un color más vivo?
–Usted ha descrito exactamente mi estado de ánimo. Y en este estado de ánimo, me pongo a fantasear...
–¡Otra coincidencia! También yo sueño que usted está a un paso de mí, justamente en este lugar del puente, y agarra mis manos entre las suyas...
–Exactamente. En ese preciso momento, del río se siente sonar una sirena del bote que llaman “el bote del amor”.
–¡Su fantasía es increíblemente igual a la mía! En ella, luego de aquel sonido un poco melancólico, no se por qué, yo apoyo mi cabeza sobre su hombro.
–Y yo le acaricio el pelo. Por hacerlo, se me cae el paraguas. Me agacho a agarrarlo, usted también y...
–Y encontrándonos de repente cara a cara nos damos un largo beso apasionado, y mientras pasa un hombre en bicicleta que dice...
–...benditos ustedes...


Silencio. Los ojos de él brillaban, lo mismo los de ella. En la lejanía, se escuchaba la melancólica sirena de un bote que se acercaba. Luego, él dice:

–Yo creo, señorita, que una serie de coincidencias así de impresionante no es casualidad.
–No lo creo yo tampoco, señor.
–Quiero decir, no se trata de algo en particular, sino de una larga secuencia de situaciones particulares. La razón puede ser una sola.
–Cierto, no pueden ser otras.
–La razón es –dice el hombre suspirando– que hay en la vida secuencias bizarras, misteriosas consonancias, señas reveladoras de las cuales apenas vislumbramos el significado, pero de las cuales no poseemos la llave.
–Igualmente –suspiró la señorita–, se necesitaría ser medium, o adivino, o quizás experto de alguna disciplina esotérica para lograr explicar los extraños indicios del destino que cotidianamente resuenan en nuestra vida.
–De cualquier manera lo que nos ha ocurrido es realmente singular.
–Una serie de impresionantes coincidencias, imposible negarlo.
–Quizás un día habrá una ciencia capaz de descifrar todo esto. Mientras tanto le pido disculpas por la interrupción.
–Ninguna interrupción, todo lo contrario: ha sido un placer.
–Hasta luego, gentil señorita.
–Hasta luego, cortés señor.


Y se fueron a buen paso, cada uno por su camino.

24 ene 2011

Cosas que van de la mano

(Asociaciones automáticas que hago cada vez que recuerdo, escucho, como, huelo, siento o veo alguna de estas cosas)

"Climbing Up The Walls" (Radiohead) y una habitación oscura

El perfume Hypnose y un 2 de febrero

"Wait" (The Beatles), Corrientes de noche y el obelisco mal iluminado

La pelopincho y tus 11 años

El pollo al champignon y verdeo y la tercera edad

El té de menta, un banco de plaza en un colegio, y un amor de invierno

Los lagos y el teatro

Pettinato en la radio y la primaria

El italiano y el subte

"Mundo Disperso" (Spinetta) y el libro Papaíto Piernas Largas

Alicia en el País de las Maravillas y "Paperback Writer" (The Beatles)

Las gomitas de limón y las 7 de la tarde del martes

Escribir y ser pequeña

21 ene 2011

800 metros

Despertador. Es temprano, pero para variar hoy no vuelvo a dormirme inmediatamente, con él sonando en mis manos. Me levanto rápido, sin hacer mucho ruido me cambio e intento encontrar mis llaves, morral, y salgo despacito. Igual que antes, intento hacer poco ruido en el pasillo, en el ascensor, casi como si estuviera escapándome, y con esa sensación de próxima libertad, abro la puerta y salgo a la calle.

El aire fresco de la mañana es un buen recibimiento, casi un premio del clima (sin rastros del calor de las últimas semanas) por haber hecho el esfuerzo de estar a las 9 am caminando por la calle. A medida que recorro las cuadras por la vereda del sol, el aire fresco cruza la calle y me abandona, aunque igual sigo pensando que valió la pena; es extraño y casi mágico cómo algo que el resto de las estaciones odio hacer, que es parte de la rutina, ahora se presenta casi como una aventura, distinta a cualquier otra cosa que uno pueda hacer en vacaciones. Cómo puede ser que en pleno otoño, a las 7 de la mañana, no pueda disfrutar el aire, la calle solitaria, el tráfico casi inexistente, el silencio con gusto a fiaca y café, tan diferente al de la noche, tan lejano a la tarde?

Para cuando empiezo a sentir el sol de la mañana calentando el pavimento, las cuadras están recorridas, y llego con una sensación de misión cumplida, de buena acción del día para conmigo misma, de gran cantidad de horas por recorrer, de que hoy va a ser mejor día que ayer, de que todo puede pasar. Y todo por madrugar un rato.

20 ene 2011

Reviviendo el blog







Últimamente hay tanto tiempo libre y tanta imaginación volando que se me ocurrió reabrir el blog que creé hace mucho tiempo pero nunca empecé.



Lo que siempre me gustó de esta foto (gracias, pa) es que, a pesar de la simpleza y la austeridad de la casita, las ventanas y el lugar, se puede ver más allá, permite ver mucho más si se mira con un poquito de atención. Lo que parece un obstáculo, es todo lo contrario: una vía de escape para los ojos, para la imaginación.