25 jul 2011

Carta a Julio

(siguiendo la línea de textos sin corregir/retocar)

Encontrarme así en(tre) tus palabras, cómo pudiste haberme escrito así (porque sí, escribiste sobre mí, me pusiste en palabras, me escribiste) antes de que yo existiera, si todo sucedió tantos años después de que murieras [...] de la sensación de que todo estaba dispuesto para ser de una manera, pero solo podría haber sido como fue (no siempre dos más dos son cuatro), cómo ibas a saber que encontré a mi Susana y reencontré a Anabel, en donde siempre, mientras Susana engañaba y dormitaba, y me di cuenta de que ya no era él, o sí, que era el mismo tan diferente, que no era del que me había enamorado, pero recordaba, y la marihuana y el pasto y el chocolate y todo lo demás vino solo, ese él que había reemplazado al él que era cuando yo lo conocí.

Esas cosas eran los únicos vestigios de su yo pasado, o quizás la distinta era yo, cómo ibas a saber todo eso si estás muerto a medida que van sucediendo, por qué creíste (acertadamente) que tenías que traducir ese fragmento de Derrida, cómo sabías que lo que yo sentía no era ni digno de llamarse sentimiento, que ya no hay más amor ni por la cosa, ni por su existencia, ni por la mía, ni el objeto ni el sujeto, sabiendo que está vivo y estoy viva pero nada más queda, e igual todavía es digno de mención, todavía se puede describir con palabras (claramente yo no las encontré, más bien las encontré en una página adentro de un libro que hablaba sobre Anabeles y Susanas y citaba a Derrida).

[...]

Cómo ibas a saber que el mar llegó tarde, que realmente se nos escapó el barco, y años después yo llegué temprano, y que ahora, que por primera vez llegamos los dos al mismo tiempo (aunque no hayamos sido los mismos dos siempre) no siento lo que sentía, me falta encontrarme en algún rincón entre tus palabras, para saber cómo va a terminar todo esto.


[...]

Cómo ibas a saber, y sin embargo sabías, y sabías bien, sabías acertado, sabías con palabras justas, sabías detalladamente. Lo único que quizás no sabias es que un día iba a estar escribiendote, al más allá, sintiendolo más acá, como una burda copia de tus palabras, o quizás sí lo sabías y no dejaste pista alguna, y te estarás riendo de mí, allá arriba o allá abajo, o quizás está por ahí, en alguna parte, esa pista que hoy no encuentro pero quien sabe si algún día sí.

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